LA VIDA DE MI QUERIDA HERMANA MARIA GOMEZ Parte I por Carlos Gomez

LA VIDA DE MI QUERIDA HERMANA MARIA GOMEZ Parte I por Carlos Gomez
Titulo del libro : LA VIDA DE MI QUERIDA HERMANA MARIA GOMEZ Parte I
Fecha de lanzamiento : March 24, 2018
Autor : Carlos Gomez
Número de páginas : 213

LA VIDA DE MI QUERIDA HERMANA MARIA GOMEZ Parte I de Carlos Gomez está disponible para descargar en formato PDF y EPUB. Aquí puedes acceder a millones de libros. Todos los libros disponibles para leer en línea y descargar sin necesidad de pagar más.

Carlos Gomez con LA VIDA DE MI QUERIDA HERMANA MARIA GOMEZ Parte I

Un jueves por la tarde. Al apearse del tren halló el esquife amarrado á la orilla.

—Felices tardes, D. Pablo—le ha dicho la batelera, expresando en su rostro, cada vez más encendido por el alcohol, una alegría sincera.—Ya me pensaba que no le vería más...

—¿Pues?

—¡Qué sé yo!... eso de casarse lo comprenden tan mal los hombres... Ya que mire usted, señorito, aquí en el pueblo todos se han alegrado bastante al entender la novedad... Sólo algunas envidiosas no deseaban creerlo... ¡Jesucristo lo que voy á hacerlas rabiar esta noche! Voy á recorrer el pueblo diciendo que yo misma le he llevado á casa de D. Valentín.

—Déjate de llevar a cabo rabiar á nadie—repuso el joven riendo—y aprieta un algo más á los remos.

—¿Tiene gana de ver á Maria?

—¡Vaya!

Era la hora del oscurecer. Las sombras amontonadas en el fondo de la bahía subían ya á lo prominente de las montañas. En los pocos buques anclados la tripulación se ocupaba en la carga y descarga, y sus gritos y el chirrido de las maquinillas era lo exclusivo que turbaba la paz de aquel recinto. Allá enfrente comenzaban á verse algunas luces dentro de las viviendas. Miguel no apartaba los ojos de una que fulguraba débilmente en la morada del ex capitán del Rápido. Sentía un anhelo grato y deleitable que estremecía ocasionalmente sus labios y hacía perder el compás á su corazón. Pero en el balcón de madera, donde tantas ocasiones se había reclinado para contemplar la salida y entrada de los buques, nadie aparentaba en este momento. Su rostro contraído denunciaba el afán que le embargaba. Úrsula sonreía mirándole fijamente sin que él lo advirtiese.